Coronavirus, fin de la pandemia capitalista

El Nobel en Economía Paul Krugman expresó que “estamos ante una ​crisis sin precedentes a nivel económico, y que como consecuencia del aspecto sanitario deriva en una contención social muy dura, con un impacto rápido e intenso”.
A lo largo de estos meses hemos visto la volatilidad de la actual crisis. Se ha transitado desde considerarla un “problema chino”, después italiano, hasta llegar a redefinir su dimensión y aceptar que afecta a todos los países: es un reto planetario. De cómo afrontemos este impacto dependerá de manera tajante nuestro futuro.

Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar, tal y como dijo Krugman, que la afectación de la pandemia a la economía ha causado una crisis sin precedentes: ha impactado directamente en todos los sectores productivos, ha paralizado la demanda, la oferta y la producción. Nunca un virus tan agresivo y contencioso -en un mundo tan interconectado- nos había afectado de manera tan negativa en nuestra forma de vivir y producir. Por eso, la parálisis de los movimientos de personas, cadenas de suministro o trabajo, está teniendo unos efectos tan devastadores para las economías nacionales.

Actualmente nos encontramos con el motor económico parado a causa del confinamiento de gran parte de la sociedad. Todos estamos volcados en superar la “batalla” sanitaria contra el coronavirus como objetivo principal, porque sin salud todo lo demás es nada. Es muy complicado realizar predicciones, nos encontramos en un escenario tan dinámico que las consecuencias de la cuarentena económica irán ligadas a la evolución de la pandemia.

Sin embargo, esto no quita que debamos de ser proactivos y tengamos que empezar a pensar en “el día después”, y ahí las preocupaciones tienen que ver principalmente con la economía. Para poder analizar correctamente la crisis y dar una respuesta acertada debemos encontrar en primer lugar el origen, para a continuación ver sus efectos y finalmente proponer soluciones (sin caer en la simplificación)

El origen de la crisis no es una perturbación exógena, es más, tampoco es realmente un shock, sino el resultado de nuestro actual sistema de vida social y económico. Vivimos anclados en un modelo capitalista y en gran parte neoliberal, que hace que el capital tenga un gran impulso para obtener ganancias en la explotación de la naturaleza. La huella ecológica que estamos dejando nos ha llevado a la deforestación, a la prevalencia del asfalto duro frente a la vegetación, así como a una globalización en el comercio, que nos hace a la sociedad extremadamente susceptible a los patógenos como el coronavirus. Las “plagas” no son solo parte de nuestra cultura; ​son causadas ​​por ella.

Esta crisis no solamente pone de manifiesto la necesidad de realizar cambios (innovaciones) en varios parámetros que, al parecer, no hacen que el modelo capitalista funcione como debiera, sino que, sobre todo, pone de manifiesto y tambalea todo un sistema, el capitalismo; un sistema que ya no funciona, a pesar de sus logros del pasado.

Es de bien sabido por todos que el capitalismo necesita del crecimiento exponencial (el crecer por crecer), pero es obvio que esto no es posible en un planeta finito. Es por eso por lo que muchos expertos auguran, con la crisis del coronavirus, el inicio del fin del capitalismo tal y como lo entendíamos. Porque no puede seguir porque físicamente es imposible continuar, se está estrellando con los límites biofísicos del planeta.

Esta crisis nos enseña que no hay ninguna posibilidad de éxito sin salirse previamente de ese marco conceptual. Tampoco funcionaran las fórmulas utilizadas en el pasado, como el comunismo; vivimos en épocas totalmente diferentes, con problemas distintos. Urge un nuevo modelo y nuevas fórmulas, para una sana recuperación de la crisis en la que estamos inmersos en la actualidad. Recuperarse y aprender, son dos retos necesarios.

Ante el nuevo escenario se debe resaltar el papel de las fórmulas regionales y municipales. En el nuevo modelo deberían incluirse por su capacidad, eso sí, teniendo en cuenta el contexto globalizador existente, nada de ​nacionalismos municipales,​ sino municipalismo globalizador. La actividad económica no se produce en un vacío espacial, sino que se produce en el marco de un territorio. Entendiendo territorio como construcción social (espacio socialmente construido por los actores a través de su interacción con valores compartidos y relaciones de confianza). En definitiva, formular una nueva perspectiva sobre el territorio y su desarrollo, fomentando un procesos esencialmente participativo, de decisión de los actores regionales y locales del modelo de desarrollo socio-económico que desean para su territorio.

Jesús Tierraseca Rodríguez

Càrcer

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